La mirada literaria

El ojo de Magritte sintetiza la acción primaria de la literatura. Asomarse a un texto es como mirar por primera vez el mar y prepararse para el salto. Es haber mirado el piso y, de golpe, darse cuenta del espacio insondable que representa el cielo sobre nuestras cabezas, levantar la vista, internalizar la inmensidad de no estar confinados en la simpleza de esta Tierra.
Un pájaro simboliza el ser libre, el avión que cruza el cielo atraviesa fronteras y nos desencajona de los límites. Las imágenes de barriletes, de bolsas, plumas, hojas, objetos tangibles que se mueven hamacados por brisas diurnas, llevados a pasear por las nubes, contraste albiceleste, flotar como quien no lleva una cabeza sobre los hombros, desafiar las leyes de la gravedad como una nave que desborda las rejas de la Tierra, libertad, libre de ser libre en el cielo y en el piso, libre como un gato que me mira a los ojos y se va a perseguir las sombras, libre como el ruido de las hojas contra hojas contra hojas así hasta el final y vuelta a empezar.
El libro que se abre es una puerta. Es el ojo en el cielo, la lengua sobre la fruta fresca, la mano manchada de tierra y los pies sin medias, las pisadas marcadas en las tapas, en los restos del texto que da vueltas en mi cabeza.
El ojo de Magritte es como el amor a la literatura. Es la literatura toda.